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sábado, 29 de agosto de 2009

Cuando un peridista es un hijo de puta

Me ha llamado la atención la poca o nula repercusión en los blogs que sigo (y disfruto) del tema de la filtración de la identidad del donante, en el caso del transplante de cara.

Se ha filtrado la identidad del donante del primer trasplante de cara en España




Hago esfuerzos por intentar visualizar a esa persona que en un ataque de "periodismo de investigación" se le enciende una bombilla y encuentra esa posibilidad de cruzar los datos anónimos del donante (35 años, accidente de tráfico) con un listado de la relación de muertos en accidente de tráfico. !Tate! Ya lo ha descubierto, Se llama Fulanito de Tal, vive en .., casado, soltero .....

Despues del subidón por el éxito de la busqueda, ni un momento para la reflexión (o a lo peor, sí) y tan contento se lo lleva a un jefe superior que tras otro subidón llamado "tenemos una exclusiva", decide que hay que publicarlo.

Al donante y su familia, que les den por el culo.

Pero lo que me llama la atención es que el señor fiscal ante el hijo de puta nº 1 y el hijo de puta nº 2, no ha movido ficha. Parece que la confidencialidad de los datos de un paciente sólo afecta a las profesiones sanitarias pero si eres un cabrón con pintas que instalas un micrófono oculto en una consulta, con esa información, en aras a la sacrosanta libertad de expresión, puedes hacer lo que quieras y difundirla sin responsabilidad alguna

Y luego gastaremos una millonada en campañas para promover la donación pero dejaremos impunes estas acciones

La justicia de este país si que "is different"

lunes, 6 de julio de 2009

Yo tuve tres maridos

La hemos armado gorda. Desde que que mi amiga Justina (que viene de Justa) ha leido que eso de darle alguien algo no apto para el consumo humano no implica necesariamente la comisión de un delito, no para de contar a todos los que la quieran oir, que le lleva dando a su marido unos polvos matarratas que no son aptos para el consumo humano pero que como ya no es delito, ella tan campante. Total, a lo más, una faltita administrativa de nada.